El DNI digital no libra a España de gastar 71,6 millones de euros en sobres de papel: hay una razón de seguridad detrás
Un contrato adjudicado por el Ministerio del Interior obliga a imprimir y enviar por correo 7,7 millones de códigos secretos, porque el PIN y la tarjeta nunca pueden viajar juntos
El Ministerio del Interior ha formalizado un contrato para comprar un mínimo de 7,7 millones de sobres de papel, destinados a repartir el PIN que activa los certificados electrónicos del DNIe. El importe total de la operación asciende a 71,6 millones de euros, según ha confirmado el Boletín Oficial del Estado (BOE). La noticia llega apenas tres meses después de que España diera un paso decisivo hacia la identidad digital: desde el 2 de abril de 2026 ya no es obligatorio llevar el DNI físico si se dispone de su versión en el móvil a través de la app oficial miDNI, y cualquier entidad pública o privada está obligada a aceptarla como medio de identificación válido.
El contraste no es casual, y tiene una explicación técnica que conviene entender antes de sacar conclusiones apresuradas sobre “burocracia anticuada”.
El contrato, en cifras
Aunque no se ha publicado en el BOE hasta este mismo lunes, la adjudicación se resolvió el pasado 13 de mayo a favor de Formularios del Centro, S.A., pyme con sede en Alcorcón (Madrid) cuya oferta fue seleccionada por un valor de 9,30 euros por sobre, frente a otras nueve propuestas. En los criterios de adjudicación, el precio pesó un 90% frente a un 10% del criterio técnico.
Por qué el PIN no puede viajar digitalmente (todavía)
La clave para entender este contrato está en cómo funciona realmente la seguridad del DNI electrónico. El chip que lleva integrado el DNIe no se activa solo con el documento: para usar sus dos certificados —el de autenticación, que demuestra que eres quien dices ser, y el de firma, que da validez legal a un documento digital— hace falta introducir simultáneamente dos elementos: el propio DNIe (algo que tienes) y el PIN (algo que sabes). Es más o menos el mismo principio que una tarjeta bancaria: de poco sirve robar la tarjeta si no se conoce el código, ni memorizar el código si no se tiene la tarjeta en la mano.
Ese PIN es un código aleatorio alfanumérico de entre 8 y 16 dígitos que se genera en el momento en que se expide el documento. Y aquí está el matiz que explica los sobres: por diseño de seguridad, ese código no puede entregarse por el mismo canal que el propio DNI, porque si alguien interceptase un único envío tendría acceso a las dos piezas necesarias para suplantar a su titular. De ahí que se reparta en un sobre aparte, cerrado, pensado para que cualquier manipulación sea detectable antes de llegar al ciudadano.
Es importante no confundir este PIN con el acceso a la aplicación miDNI, que es un sistema distinto: para identificarse con el móvil (ante, por ejemplo, un agente de Policía) basta con la propia app, protegida por contraseña y datos biométricos (huella o reconocimiento facial), sin necesidad de PIN físico. Pero si un ciudadano quiere usar los certificados del chip del DNIe —por ejemplo, para firmar electrónicamente con un lector de tarjetas conectado a su PC—, ese PIN en papel sigue siendo imprescindible. La digitalización de la identificación presencial no ha eliminado, de momento, la necesidad de este segundo canal físico para el chip criptográfico.
Un consejo: la propia Policía Nacional insiste además en sus recomendaciones de uso en que el PIN es personal e intransferible y en que nunca debe compartirse por teléfono, correo electrónico ni ningún otro medio, subrayando que su conocimiento por un tercero supone un riesgo real de que se activen las claves privadas en nombre del titular.
Calculando (a ojo) el tiempo de vigencia del contrato
Interior no ha explicado a cuántos años de expedición corresponde este contrato, pero hay una referencia útil para dimensionarlo. Según datos sindicales recogidos en 2023, España cuenta con alrededor de 1.800 puestos de expedición de DNI y pasaporte, y cada uno tramita de media unas 27 solicitudes al día, lo que arroja una cifra aproximada de 49.000 documentos expedidos o renovados diariamente en todo el país cuando el sistema funciona con normalidad.
Extrapolando esa media a un año completo, la cifra ronda los 15-18 millones de documentos, aunque esa cifra mezcla DNI y pasaportes y depende de picos estacionales, así que debe tomarse como una foto aproximada y no como una estadística oficial y actualizada. Aun con esa cautela, sirve para poner en contexto que 7,7 millones de sobres no es un capricho: encaja con aproximadamente un año de expediciones y renovaciones de DNI a nivel nacional.
Cómo lo resuelven otros países europeos
España no es una excepción dentro de la Unión Europea. Portugal aplica prácticamente el mismo modelo con su Cartão de Cidadão: cuando el documento se renueva o se emite de nuevo, el ciudadano recibe por correo una “carta PIN” separada, que además de los códigos de activación de los certificados digitales indica dónde recoger la tarjeta si procede.
Alemania, en cambio, resuelve el mismo problema de otra manera: el llamado PIN-Brief con el código de transporte se entrega en persona en la propia oficina al solicitar el Personalausweis, en lugar de enviarse por correo al domicilio, lo que evita el riesgo de una intercepción postal del código. El país germánico sí ofreció durante un tiempo un servicio para pedir por correo una carta de restablecimiento del PIN si este se perdía, pero el Ministerio del Interior alemán lo suspendió en febrero de 2024 por motivos presupuestarios, y desde entonces solo se puede restablecer el PIN acudiendo en persona a una oficina.
Una solución con fecha de caducidad
Este modelo, sin embargo, no está pensado para durar para siempre. El DNI 4.0 español debe adaptarse al reglamento europeo eIDAS, y la Unión Europea trabaja en una futura cartera de identidad digital común para todos sus países, con 2031 como horizonte límite. Si ese proyecto avanza según lo previsto, es razonable esperar que sistemas como el reparto físico del PIN acaben integrándose en mecanismos completamente digitales de verificación.
Por ahora, mientras el chip físico del DNIe siga siendo el soporte legal de los certificados, España seguirá necesitando imprimir, ensobrar y enviar por correo millones de códigos secretos cada año.



